Confesando mi pecado

Mea culpa, o como nos enseñaron de chiquitos en la iglesia: Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Este acto de confesión surge luego de tener una conversación con mi amigo Rafael García (mejor conocido como El Morocho). Entre otras cosas conversamos sobre el nacimiento de su tercer bebe (si, tercero!) que nació el mismo día que yo. Espero de todo corazón que algún día podamos soplar una velita juntos.

Luego, entre otros temas, conversamos de nuestros respectivos blogs y me confeso que lo sentía complicado…

Y si, me dejo en una pieza porque tenía demasiada razón. En apenas 5 meses me había apartado de los objetivos iniciales de La Casa y el ejemplo estrella ha sido la ultima reseña que hice.

Ciertamente es un vino complicado y es difícil usar un lenguaje sencillo, pero quien dijo que iba a ser fácil? Si lo fuera cualquiera lo haría.

Así que luego de este enfrentamiento con la realidad, de darle gracias al Morocho por su comentario y presentar disculpas publicas a los tres o cuatro visitantes de este espacio procedo a retomar los objetivos originales: Difundir la belleza del mundo del vino con “un lenguaje sencillo y de fácil entendimiento”. Y si alguien me ve de nuevo descarrilado que me lance un coscorrón.

He dicho!

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